Ya han pasado ya dos meses del doble terremoto que sacudió el norte del país y causó una tragedia de gran magnitud en La Guaira, Caracas, Carabobo, Yaracuy, Falcón y Aragua, pero los recuerdos y temores de aquel día aciago siguen intactos.
Específicamente en nuestra región, un edificio colapsó en Bosque Lindo, municipio Mariño, dejando 16 fallecidos confirmados. En el resto de la región, cerca de 1.134 edificios se vieron afectados: la gran mayoría (845) sufrieron daños leves; 235 con daños moderados y 54 están en rojo, es decir, muy comprometidas. Afortunadamente, varios de estas edificaciones ya dejaron de ser consideradas de alto riesgo.
Los residentes de las 289 edificaciones en amarillo y rojo se encuentran alojados en refugios, hoteles o en viviendas de familiares, aguardando el momento en que culminen las rehabilitaciones en proceso, o que se complementen los estudios de algunas edificaciones, para poder retornar a sus hogares. Se trata, en todo caso, de una situación que es difícil, pero aquí lo que tiene que predominar es la paciencia.
PENDIENTE DE SU EDIFICIO
Marelisa Maitín, residente de la torre D de Residencias Los Mangos, indicó que luego del doblete sísmico está viviendo en casa de familiares. Todos los días va al centro de atención a los afectados de su residencia, ubicado en la avenida Constitución de Maracay, específicamente frente al complejo de edificaciones Los Mangos, Canta Claro y Varlab. Allí está pendiente del apoyo que recibe del gobierno local y otras personas, y a su vez recibe información de primera mano sobre los avances de rehabilitación de su torre.
Pero hay algo que con frecuencia le da vueltas a la mente, y es aquella tarde del 24 de junio en que su apartamento se sacudió de manera inimaginable. «Fue una experiencia terrible. Fueron unos momentos de mucha angustia, de mucho miedo, pensando que no íbamos a sobrevivir porque yo estaba dentro del apartamento en ese momento», recordó.
Maitín comentó que, luego de los dos seísmos, logró salir del inmueble y del edificio. Allí experimentó más ansiedad, porque temía que volviera a temblar y no lograba pensar con claridad hacia dónde ir. «No sabes si íbamos a poder regresar… pero ya estoy más tranquila, más calmada. Yo creo que muchos ya estamos más tranquilos, con más esperanza», dijo ayer, dos meses después de aquel fatídico día.
Aseguró que desde hace una semana comenzaron los trabajos de rehabilitación, es decir, de seis a siete semanas después de los eventos telúricos, y reafirmó su optimismo de que pronto podrá volver a su hogar.
