
Desde sus orígenes indígenas, pasando por el auge del cacao colonial y hasta su consolidación como municipio autónomo y potencia turística, Ocumare de la Costa celebra su aniversario honrando su resistencia cultural, la majestuosidad de sus playas y el vigor de sus tradiciones ancestrales
CIUDAD MCY.- Ocumare de la Costa, en un inicio conocido históricamente como Ocumare de San Sebastián del Valle, se viste de gala cada 16 de junio para conmemorar el aniversario de su fundación.
El poblado fue elevado a la categoría de encomienda y su conformación definitiva del pueblo se logró en 1766, cuando se consolidó su estructura urbana inicial.
Este paradisíaco rincón del litoral aragüeño, que hoy da nombre al municipio autónomo Ocumare de la Costa de Oro, resguarda entre sus montañas y su imponente franja mar Caribe, una trayectoria civilizatoria de gran trascendencia.
Al revisar sus profundas raíces históricas y citar los valiosos hallazgos del historiador Francisco Javier Yánes, junto a otras rigurosas investigaciones, se evidencia que los primeros pobladores del Valle de Ocumare fueron los indios Barriga.
Comandados firmemente por el cacique Barriga y su hija, estas comunidades prehispánicas son reconocidas hasta la fecha como los habitantes originarios de una zona que, con los siglos, nacería formalmente como una próspera plantación de cacao y un baluarte de la herencia afrodescendiente en Venezuela.
EVOLUCIÓN TERRITORIAL
La evolución territorial de Ocumare ha sido un proceso de resiliencia y reordenamiento constante. Para el año 1721 se funda formalmente este centro poblado, erigido inicialmente en tierras inmediatas a la hacienda propiedad de Francisco Alonzo Gil, con el objetivo primordial de defender aquel estratégico puerto de las hostilidades y ataques de enemigos coloniales.
Posteriormente, el asentamiento se refundó en el sitio de Puerto Cabellito en 1731, y poco después se estableció en el sector de La Ermita o El Rincón, donde existió una primigenia iglesia. Hacia 1771, las autoridades determinaron que aquel espacio no era el idóneo, trasladando y construyendo el pueblo en el sitio exacto donde se ubica hoy en día.
CONECTIVIDAD Y GEOGRAFÍA
En 1914 se inició la titánica construcción de la carretera que hoy atraviesa el Parque Nacional “Henri Pittier”, uniendo la costa con el centro del país.
En 1917, el estado Aragua recibió formalmente del estado Carabobo el Distrito Ocumare de la Costa, integrado en ese entonces por los municipios Ocumare (su capital), Cata, Cuyagua, Independencia (la playa) y Guevara (Cumboto). Décadas más tarde, en 1933, Carabobo cedió también el territorio y la Bahía de Turiamo.
Tras ser municipio foráneo de Girardot y luego parroquia de Mario Briceño Iragorry en 1990, finalmente, el 4 de enero de 1999, se reforma la ley de división político-territorial, elevando a la región a la categoría de municipio autónomo Ocumare de la Costa de Oro.
CIRCUITO DE PLAYAS PARADISÍACAS
El litoral de Costa de Oro es un mosaico de biodiversidad y belleza caribeña. Para llegar a la emblemática Bahía de Cata se deben recorrer 10 kilómetros desde el pueblo. Esta playa se muestra a primera vista como una singular obra de arte en forma de semicírculo, predilecta por sus aguas cristalinas, arenas blancas, altos cocoteros y un ambiente juvenil que la invade en temporadas. Desde allí, o cruzando la montaña a pie, se accede a Catica, una ensenada solitaria de azul infinito y aguas sumamente tranquilas, ideal para el disfrute de los niños.
Por su parte, Cuyagua se alza como el paraíso predilecto para el surf y los deportes extremos. Sus fuertes olas, su extensa costa y el misticismo que la rodea la hacen única. Cuyagua es el escenario perfecto para acampar a la orilla del mar, contando además con un río templado.
Finalmente, el municipio cuenta con otros tesoros inestimables como El Playón, el espectacular santuario ecológico de La Ciénaga y Uricao, una joya situada frente a las costas de Cuyagua a la que se accede exclusivamente por vía marítima.
CULTURA, SABERES Y RESISTENCIA ANCESTRAL
La identidad de Costa de Oro está indisolublemente ligada al cacao como eje de vida. La huella material de este sistema se mantiene viva en las ruinas de la Hacienda La Corina (siglo XVIII) y en las estructuras de la Obra Pía de Cata, edificaciones que relatan la administración colonial de los monjes dominicos. Asimismo, el sistema de acequias de riego en las haciendas de Cumboto demuestra una ingeniería hidráulica ancestral; canales de piedra y cal que aún hoy definen la distribución agraria de la zona.
Debido al aislamiento geográfico que históricamente impuso la montaña, las tradiciones afrodescendientes se preservaron con una pureza única. Ejemplo de ello son los Diablos Danzantes de Turiamo, cuya comunidad sufrió un doloroso desalojo militar en 1950, pero cuya cultura sobrevivió al exilio, manteniendo intacta la confección de sus características máscaras de cedazo metálico. De igual forma, el culto a San Juan Bautista en Ocumare, Cata, Cuyagua y Cumboto es el núcleo de la organización social.
Esta riqueza se complementa con el pasado precolombino visible en los petroglifos prehispánicos de Cumboto, rocas grabadas que demuestran que el valle siempre fue un espacio sagrado. En lo cotidiano, la cultura se saborea a través del árbol de la vida costera: el coco, cuyos saberes se traducen en la extracción artesanal de aceite medicinal y culinario, y en la preparación de los tradicionales besitos de coco que sustentan la economía doméstica.
A 260 años de su andar histórico, Ocumare de la Costa de Oro no es solo un destino de sol y playa, es un templo vivo de la venezolanidad. En la fusión de sus aguas cristalinas, el verdor del “Henri Pittier”, el aroma de su cacao ancestral y el retumbar eterno del tambor, este municipio aragüeño demuestra que su verdadero valor radica en su gente. Costa de Oro mira hacia el futuro con la promesa de un turismo sostenible, invitando al mundo a ser protagonista de un paraíso donde la historia, la resistencia y la naturaleza se abrazan eternamente.