*MÁS ALLÁ DEL ALGORITMO Y EL PETRÓLEO.*
*¿Cómo desenredar la madeja de un discurso global que reduce la subsistencia de una nación a la simple lógica de la oferta y la demanda, invisibilizando la agencia de sus pueblos?*
Cuando miramos la realidad geopolítica, es fundamental prender las alarmas frente a esa mirada epistémica que pretende medir los procesos del Sur Global únicamente a través de la lente del mercado extractivista.
Existe un peligro latente en aceptar pasivamente la narrativa del "caramelo de alta rentabilidad", una perspectiva que, en el fondo, despolitiza la resistencia y la convierte en un frío cálculo de supervivencia corporativa.
Para nosotros, los pueblos que históricamente hemos llevado a cuestas las cicatrices de la colonialidad, el subsuelo no es solo un depósito de recursos para saciar el consumo del Norte; es un espacio de disputa soberana.
Desde la perspectiva de pensadores fundamentales como Enrique Dussel, la geopolítica no puede ser una fría partida de ajedrez entre élites corporativas y potencias imperiales. Dussel nos enseñó que la verdadera transformación nace de la autoliberación de la periferia, de esa ruptura radical con el centro metropolitano que históricamente ha dictado las reglas de la moral y de la economía.
El análisis que reduce la resiliencia a un mero desgaste de la paciencia corporativa occidental comete el error de ignorar que los pueblos del Sur no son simples fichas pasivas en el tablero de las transnacionales, sino actores conscientes en una lucha histórica por su autodeterminación.
*¿De qué manera las estructuras digitales y los flujos informacionales de la modernidad reconfiguran la dominación cultural y la resistencia en el Sur Global?*
La colonialidad del poder, un concepto clave acuñado por el sociólogo peruano Aníbal Quijano, no se limita hoy en día al control militar o al bloqueo financiero, sino que se ha trasladado con una fuerza descomunal al entorno digital. Quijano explicaba cómo las estructuras de dominación del revés del mundo se perpetúan mediante la clasificación social y cultural de las poblaciones.
En el siglo XXI, este fenómeno se manifiesta con crudeza en lo que podemos denominar la colonialidad del algoritmo.
Los flujos informacionales y los creadores de contenido masivo, en su gran mayoría subordinados a las lógicas y plataformas del Norte global, actúan como un mecanismo de domesticación del pensamiento, bombardeando con narrativas que buscan naturalizar la asfixia económica y justificar la intervención bajo el manto de la "moralidad internacional".
Esta marea algorítmica opera como un dispositivo de control biopolítico que intenta formatear la subjetividad de los pueblos del Sur, reduciendo la complejidad de su resistencia a un cliché de desgaste institucional.
Enfrentar esta realidad exige una militancia comunicacional que dispute el sentido y rompa el cerco tecnológico, disputando los códigos con los que se interpreta la realidad de nuestras naciones.
*¿Cuál es el impacto real de las elecciones de medio término y de los vaivenes judiciales en los Estados Unidos sobre los pueblos que resisten la hegemonía imperial?*
La mirada atenta a la política interna de la metrópoli nos obliga a analizar los escenarios que se configuran en el horizonte estadounidense de cara a las próximas elecciones de medio término.
Históricamente, estos comicios funcionan como un barómetro del descontento interno y reconfiguran las correlaciones de fuerza en el Congreso de Washington, lo que repercute directamente en el diseño de las políticas de agresión externa y en la flexibilidad o rigidez de las llamadas sanciones unifocales.
En este complejo escenario, el impacto de un potencial juicio político contra figuras de la extrema derecha estadounidense, como Donald Trump, introduce un factor de profunda inestabilidad institucional dentro del propio corazón del imperio.
Lejos de ser un simple espectáculo judicial, este proceso refleja la agudización de las contradicciones internas de una potencia que ve amenazada su hegemonía global.
Para el pensamiento crítico latinoamericano, estos sismos en el Norte no deben interpretarse con ingenuidad optimista, sino como ventanas de oportunidad táctica; mientras el centro imperial se debate en sus propias fracturas domésticas y batallas legales, los pueblos de la periferia encuentran márgenes de maniobra para consolidar alianzas estratégicas y profundizar sus procesos de emancipación sin la presión unificada de un bloque dominante cohesionado.
*¿Cómo se configura el mapa del nuevo orden económico y político internacional frente al declive de la unipolaridad occidental?*
Para cerrar esta caracterización, es imperativo levantar la mirada hacia el nuevo orden económico y político internacional que se está gestando a nivel global, un diseño pluripolar que desafía abiertamente la vieja hegemonía eurocéntrica y estadounidense.
Este nuevo concierto de naciones está liderado con firmeza por el peso estratégico y financiero de China, la contundencia geopolítica y militar de Rusia, y la inquebrantable postura soberana de Irán.
La emergencia de este bloque no es un hecho fortuito; es el resultado directo del declive de la capacidad de coacción de los Estados Unidos, una realidad que se hizo evidente tras la contundente derrota sufrida por el imperialismo frente al ejército persa y sus alianzas regionales.
Este hito histórico no solo frenó las pretensiones de control absoluto sobre el Medio Oriente, sino que demostró que la fuerza militar convencional del Norte ya no es infalible ante la resistencia asimétrica organizada.
La articulación de este eje Beijing-Moscú-Teherán, junto con la expansión de mecanismos de cooperación como los BRICS, ofrecerá al Sur Global una alternativa real frente al chantaje del sistema financiero occidental y el aislamiento del SWIFT.
Estamos presenciando una transición histórica donde el control del comercio, las rutas energéticas y las divisas internacionales ya no se deciden de manera unilateral en los despachos de Washington o Bruselas, sino en un diálogo intercontinental que exige, de una vez por todas, el respeto a la soberanía de los pueblos.
Yo vengo planteando después de profundos análisis y meditaciones que el verdadero motor de la política internacional no radica en las confrontaciones morales o ideológicas, sino en los flujos de energía y los intereses económicos descarnados, donde la inmensa reserva petrolera venezolana se convierte en una ficha geopolítica crucial sujeta al bloqueo financiero del sistema SWIFT.
Frente a esta lógica extractivista que reduce la subsistencia a un pragmatismo de mercado, se hace imperativo confrontar lo que teóricos críticos denuncian; tal como afirma el sociólogo peruano Aníbal Quijano, «el capitalismo mundial es hoy, de modo fundamental, colonial/moderno, y eurocentrado», lo que nos obliga a desarmar ese supuesto realismo que justifica la subordinación de nuestros recursos a las necesidades de las corporaciones transnacionales.
Al mismo tiempo, este intento de vaciar de contenido político la resistencia popular para presentarla como un simple cálculo de supervivencia institucional choca frontalmente con la advertencia del filósofo Enrique Dussel, quien sostiene que «la periferia no es un espacio pasivo, sino el lugar desde donde emerge la alteridad y la posibilidad de una verdadera liberación», recordándonos que el destino de la soberanía caribeña no puede ser definido por la fría e ineludible presión de los mercados saturados de Occidente.
Concejal Msc Ernesto Tovar Ponte.*
