Avenida Bolívar mostró un escenario de paz tras la fiesta de Año Nuevo

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La primera mañana del año 2026, luego del ajetreo de las compras de última hora por parte de los aragüeños en la tarde del 31 de diciembre, recibió a la Ciudad Jardín con un rostro inusual: el de la tranquilidad absoluta. Quienes recorrieron la emblemática avenida Bolívar en las primeras horas del día se encontraron con una escena que contrasta con el bullicio característico de esta arteria vial.


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La avenida Bolívar mostró un escenario de tranquilidad    

Apenas unas pocas unidades de transporte circulaban, deslizándose lentamente sobre el asfalto aún húmedo por el rocío matutino. Las aceras, normalmente colmadas de transeúntes, comerciantes y el incesante ritmo citadino, aparecieron despejadas, habitadas sólo por el suave sonido del viento. El comercio, en su totalidad, mantuvo sus puertas cerradas, respetando la tradición del descanso en este día de inicio y reflexión.


El silencio, más que una ausencia, se sintió como un respiro colectivo. La avenida, vestida con los destellos tenues del amanecer, ofrecía una perspectiva poco común: la de una ciudad que hace una pausa, que recupera su aliento tras el cierre de un ciclo y la celebración de uno nuevo.


Algunos vecinos que se asomaban a comprar el pan o dar un breve paseo con sus familias coincidieron en la rareza del momento. «Parece otra ciudad», comentó Ana Lozada, residente de la zona desde hace cuatro décadas. «Es bonito verla así, quieta, como si estuviera descansando también».


Este paisaje de calma, sin embargo, es transitorio. Se espera que conforme avance la jornada, la vida retome lentamente su pulso habitual, aunque muchos maracayeros agradecen este paréntesis de serenidad que les regala el primer día del año.

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