*EL ROPAJE JURÍDICO Y LA NEUROTIZACIÓN COLECTIVA EN LA ESTRATEGIA DE DOMINACIÓN.*

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 *EL SECUESTRO HERMENÉUTICO.*




Por:

*Concejal Msc 

Ernesto Tovar Ponte.* 

*21/07/2026.*


La guerra contemporánea ha mutado de los cuarteles y las trincheras hacia los laboratorios del lenguaje y la semántica jurídica. 


Como bien advertía el maestro uruguayo Eduardo Galeano al señalar cómo los centros de poder transforman las palabras para vaciarlas de emancipación, hoy somos testigos de una sofisticada ingeniería de la desorientación. 


Esta estrategia busca secuestrar la hermenéutica legal, es decir, torcer la ley e interpretar los artículos constitucionales fuera de contexto para fabricar una aparatosa apariencia de legalidad que confunda a la población. 


Ya no se trata únicamente de apelar a las emociones más primarias a través de pantallas parpadeantes, sino de utilizar el propio derecho como un arma de asedio contra la psique colectiva.


Cuando las corporaciones de la desestabilización pretenden doblegar la soberanía de una nación, el pánico algorítmico resulta insuficiente si no se le dota de un barniz institucional y legal. 


Es allí donde aparece el "ropaje jurídico", el intento deliberado de pervertir la norma para justificar el caos desde el formalismo abstracto. 


En este escenario, la balanza de la justicia ese símbolo milenario de equidad es secuestrada para colocar sobre uno de sus platillos el peso muerto de un relato prefabricado. 


Para que la neurotización colectiva prospere, los operadores de esta narrativa necesitan transformar la asonada o el boicot en supuestos mandatos legales, logrando que el ciudadano común, aturdido por el bombardeo comunicacional, asuma que la fractura institucional es un derecho legítimo.


Esta táctica instrumentaliza los textos fundamentales para provocar un vacío de certidumbre. 


Tomemos, por ejemplo, el análisis que juristas y pensadores críticos de nuestra América han venido advirtiendo sobre la manipulación de normas clave. 


El Artículo 233 de nuestra Constitución establece con rigor científico las causales taxativas de la falta absoluta del Presidente de la República. 


Sin embargo, la artimaña narrativa intenta encuadrar situaciones de fuerza mayor ajenas a la voluntad como un secuestro, una retención o una agresión externa bajo la falaz figura del "abandono". 


Como lo ha sostenido la doctrina jurídica progresista venezolana en la voz de destacados defensores de la soberanía popular, el secuestro de un mandatario o de las funciones del Estado jamás puede ser homologado al abandono voluntario; forzar esta interpretación es una flagrante violación hermenéutica que busca fabricar una acefalía artificial donde solo existe una agresión imperial.


En la misma línea perversa opera la distorsión del Artículo 234, diseñado originalmente para regular las faltas temporales. 


La narrativa golpista pretende pervertir su esencia al exigir que la transitoriedad sea tratada de manera definitiva, borrando los límites jurídicos y metiendo a la sociedad en una crónica sensación de interinidad perpetua. 


A esto se suma el uso cínico del Artículo 350 como vector de colapso. Mientras el principio de desobediencia civil legítima constituye doctrinariamente el último recurso de los pueblos para defender el pacto republicano frente a tiranías, las centrales de neurotización lo vacían de contenido patriótico para convertirlo en una patente de corso que justifique la anarquía, la parálisis y la destrucción del tejido social.


Frente a esta guerra cognitiva que instrumentaliza el derecho contra el propio pueblo, la resistencia no puede limitarse a la consigna vacía. 


Como reflexionaba el pensador caribeño Frantz Fanon al analizar la descolonización de las estructuras mentales, la liberación exige desarmar primero los conceptos con los que el opresor coloniza la conciencia. 


La derrota de este lawfare criollo e internacional exige levantar tres frentes de trinchera ideológica y práctica, la defensa intransigente de la legalidad constitucional frente a las interpretaciones falaces, la alfabetización política para desmontar el error lingüístico de los laboratorios del terror psicológico, y el fortalecimiento de la cohesión social como el escudo definitivo de la patria. 


Ningún algoritmo, por más sofisticado que sea, ni ninguna retórica de toga fingida logrará doblegar la dignidad histórica de un pueblo decidido a defender su verdad.


¿De qué manera los laboratorios de guerra psicológica logran transformar conceptos jurídicos de protección democrática en herramientas efectivas para la dominación y la parálisis social?


¿Cómo puede el pensamiento crítico latinoamericano desarticular la trampa del formalismo legal sin caer en el simplismo de ignorar la importancia de las formas constitucionales?


¿Qué papel juega la conciencia lingüística y la descolonización de la hermenéutica en la defensa cotidiana de la soberanía popular frente a los ataques discursivos?

Incógnitas Respuesta

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